El poder de la palabra viva
El cuento de hadas y los trastornos de
conducta
Los “Cuentos de hadas”, estudiados y ponderados
por los más destacados investigadores de campos psicológicos, filosóficos y
literarios han sabido legar a través de cientos y cientos de años las más
sutiles y precisas herramientas para clarificar y dialogar con los misterios profundos
de la psiquis humana, especialmente del niño.
Subestimados por la modernidad, recortados
y edulcorados, los cuentos arquetípicos resisten los embates del mero
entretenimiento para redescubrirse como un gran aliado con el que generar
puentes de comunicación y transformación hacia todos los niños y en especial hacia aquellos con trastornos de conducta, acompañándolos en el tránsito de sus temores, angustias, anhelos y desafíos.
En tiempo de vacaciones de invierno, recuperar espacios
“rituales” para el encuentro y la narración de estas historias puede ser una experiencia gratificante y enriquecedora para toda la familia.
Durante cientos y cientos de años, la
tradición oral europea preservó, perfeccionó y legó para la humanidad un género
literario que más recientemente se denominó como “Cuentos de hadas” (Fairy
tales). Historias populares simples, sin grandes descripciones narrativas ni
datos accesorios, con personajes que se dejan descubrir a través de sus
acciones más que por psicologías profundas, los cuentos de hadas debido a su
fuerte carga arquetípica y la sabiduría de diferentes culturas
interrelacionadas guardan entre sus líneas las llaves para adentrarse en las
particularidades de la psiquis infantil como pocas otras literaturas ya sea
narrativas o especializadas.
Llegado el renacimiento, una amplia
variedad de narradores populares y cortesanos se dedicaron a la compilación de
estos antiquísimos relatos nutridos de las antiguas tradiciones y símbologías
de la Europa pre-cristiana y la vastísima oralidad de Medio oriente. Fue en la
antigua Irlanda, sometida y desalfabetizada por el imperio británico donde la
conservación de las tradiciones populares se vio favorecida y los narradores
orales alcanzaron la excelencia, conformando una memoria viva cuyas raíces se
perdían en el tiempo. En su prólogo a los “Cuentos populares irlandeses”, José
Manuel de Prada afirma que los narradores profesionales debían contar en su
repertorio con al menos trescientos cincuenta relatos aprendidos de memoria.
Hacia 1697, el francés Charles Perreault
editó su “Cuentos de la Oca”, un compendio de historias que se cree fueron
inspiradas en los relatos orales anónimos, renovando la tradición desde un
estilo literario un tanto más refinado, abriendo aún más la llegada de estas
historias. Pero serían los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm,
quienes realizarían una asombrosa cruzada por reunir los relatos populares de
su Alemania natal, que a su vez reunían historias y mitologías de toda Europa y
oriente. Si bien sus relatos están un poco más suavizados y en su mayoría reúnen
simbologías cristianas en reemplazo de la antigua mitología germana y pagana,
sin dudas se trata del material más cercano a las historias “originales”,
siendo que el sentido esencial de los relatos permanecería intacto.
Con el paso del tiempo y el avance de la
moralidad burguesa que comenzó a espantarse de cierta “crudeza” o frontalidad,
estos valiosísimos relatos fueron perdiendo vigencia y padecieron simplificaciones
y edulcoramientos que atentaron contra su sentido original. La modernidad, por
su parte, se encargó del resto con la pérdida de los “espacios sagrados” para
la infancia, la inmediatez de las comunicaciones, la superficialidad de los
vínculos y la eterna falta de tiempo que fueron horadando nuestra capacidad de
relacionarnos desde la palabra y desde la escucha, hasta sentarnos enmudecidos
y atónitos frente a una pantalla de televisor.
Sin embargo, son muchos los filósofos,
escritores y psicoanalistas que han sabido rescatar de su experiencia infantil
junto a los cuentos de hadas, un precioso mojón dorado que marcó sus espíritus
para siempre, permitiéndoles encontrar en sus páginas la noble y bella
herramienta que les ayudó a construir el sentido de la vida.
En “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”,
quizás la más destacada obra analítica sobre este género, Bruno Bettelheim
asegura que “a través de los siglos (si no milenios), al ser repetidos una y
otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo
tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a
todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que
alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado”.
Especialistas como Bettelheim destacan que
los cuentos de hadas, a diferencia de la literatura infantil contemporánea
representan, de forma imaginativa, a través de la fuerza creadora e inspiradora
de la fantasía, la esencia del proceso del desarrollo humano, desde un
atractivo simple y luminoso a la vez, logrando que el niño, estimulado por el
relato e identificado con sus problemáticas más íntimas, se comprometa con la
aventura de crecer.
“Para Hillman (1979), el haber estado en contacto con narraciones desde la
niñez temprana capacita a la persona para dar sentido y orientación a los
sucesos de su vida cotidiana, dentro de una trama con una orientación significativa,
dentro de un horizonte de significado. Hillman piensa que las mejores
narraciones son las de los mitos, leyendas y cuentos de hadas tradicionales (…)
La visión junguiana, enfatiza la fantasía como la fuerza dominante en la vida.
La capacidad de fantasear es una actividad creativa que va permitiendo al niño interpretar
los sucesos aislados de su vida en distintas narrativas de carácter arquetípico
que ayudan a contener la experiencia, liberando su significado”, afirman las
especialistas de la Universidad Iberoamericana, Ludmila Diez Rienzi y Verónica
Domit Palazuelos en su estudio “La capacidad de los cuentos de hadas de
desarrollar un horizonte de significado desde la niñez temprana”, una
investigación basada en la experiencia de cuatro docentes que a lo largo de
cinco años trabajaron con niños de jardín de infantes basándose en cuentos de
hadas como su principal herramienta.
“La vida entera es como una planta que
contiene no sólo lo que ofrece al ojo, sino, además, oculto en su entraña, su
estado futuro. Quien la contempla, todavía con hojas solamente, sabe muy bien
que en su tronco cubierto de follaje, al cabo de cierto tiempo, habrá flores y
frutos: y es que ella posee potencialmente los rudimentos de estas flores y de
estos frutos. Mas, ¿cómo sería posible predecir el aspecto de estos órganos
futuros, de limitarse a investigar en la planta sólo lo que ella exhibe para
nuestros ojos en el momento en que la observamos?. Sólo podrá hacerlo quien se
haya detenido en su naturaleza esencial.” Con estas palabras, Rudolf Steiner,
el padre de la pedagogía Waldorf, encabezó una de sus primeras conferencias
sobre lo que por entonces era (y sigue siendo) una nueva forma de encarar los
procesos del saber. Es precisamente la pedagogía Waldorf, uno de los métodos de
enseñanza que tempranamente reivindicó y dio un especial lugar a los cuentos de
hadas en sus aulas. “Del mismo modo (que en la planta), toda la vida humana
encierra en potencial los rudimentos de su futuro. Más para hacer cualquier
afirmación sobre él, es necesario penetrar en la naturaleza oculta del hombre,
a lo que nuestra época siente muy poca inclinación: no traspasa los límites de
la superficie, y cree que, si avanza a lo que se sustrae en la observación
exterior, se hundirá el suelo bajo sus pies.” Y esta es precisamente una de las
tareas más destacadas del cuento de hadas: introducirse de manera simple y
divertida en el mundo pre-conciente del niño, brindándole a través de alegorías
arquetípicas instrumentos para comprenderse, entender y quitarle peso a sus
angustias y alentarlo a desarrollar su personalidad con valentía y espíritu de
aventura.
En la actualidad, frente al gran desafío
que representan para pedagogos y especialistas los trastornos de conducta, los
TDAH y el trastorno negativista desafiante, donde muchas veces el niño queda
estigmatizado y excluido, los cuentos de hadas pueden tender sutiles y
efectivos puentes de comprensión para que pueda canalizar sus angustias y aprender
conocerse sí mismo y a los demás.
El cuento de hadas y los conflictos de la
infancia
La destacada escritora y Doctora en
Psicología Etnoclínica, Clarissa Pinkola Estés, autora del maravilloso
best-seller “Mujeres que corren con lobos”, es una ferviente defensora del
cuento arquetípico como herramienta terapéutica en su práctica profesional con problemáticas
de género. “Doy mucha importancia a la psicología clínica y la psicología del
desarrollo, y para curar utilizo el ingrediente más sencillo y accesible: los
relatos (…) los cuentos son una medicina. Tienen un poder extraordinario; no
exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo: basta con que
escuchemos. Los cuentos contienen los remedios para reparar o recuperar
cualquier pulsión perdida. Los cuentos engendran emociones, tristeza,
preguntas, anhelos y comprensiones que hacen aflorar espontáneamente a la
superficie el arquetipo”, afirma Estés.
Esta especialista y narradora oral, compiló
durante varios años antiguas historias populares de distintas corrientes
culturales donde pudo descubrir el planteo y la solución para los
interrogantes, los desafíos y las angustias de las mujeres de todas las edades
y todos los tiempos.
De la misma manera los cuentos de hadas
condensan en sus páginas austeras la vida emocional y las problemáticas de los
niños más allá de cualquier época, confrontándolos con sus deseos, con el modo
en que quieren desarrollarse y actuar.
Lo interesante de los cuentos, es que el
niño puede acceder a estos planteos sin dilemas, sin intervención exterior ni
presiones de su entorno. Cada niño toma de un cuento lo que necesita en ese
momento de su vida, de acuerdo a la identificación que pueda realizar con el
planteo de cada historia.
Los especialistas que han estudiado la
dinámica del cuento de hadas resaltan los siguientes planteos como los más
sobresalientes del género:
La superación de las frustraciones
narcisistas
La superación de los conflictos edípicos
La Superación de las rivalidades fraternas
La renuncia a las dependencias de la
infancia
La obtención de un sentimiento de identidad
y de autovaloración
Un sentido de obligación moral
El encontrar apoyo y confianza tejiendo
vínculos
Frente a sus miedos, ansiedades y
frustraciones, los y especialmente aquellos estigmatizados como
“problemáticos”, necesitan ponerlos afuera para dominarlos, pero aún no cuentan
con las facultades del adulto. Por lo tanto el hecho de que los personajes de
los cuentos de hadas puedan atravesar sus mismas experiencias les permite comprender
lo que está ocurriendo en su consciente y enfrentarse con los estratos
inconcientes. Por lo tanto un pequeño “puede adquirir esta comprensión, y con
ella la capacidad de luchar, ordenando de nuevo y fantaseando sobre los
elementos significativos de la historia, en respuesta a las tensiones
inconscientes. El niño adapta el contenido inconsciente a las fantasías
conscientes, que le permiten tratar con este contenido”, manifiesta Bettelheim.
Este rasgo característico de los cuentos de
hadas no suelen estar presentes en la literatura infantil contemporánea, donde
se resaltan más las particularidades de los personajes y la inventiva de las
tramas, distanciando al niño de una posible identificación.
Las angustias que atraviesan tantos niños
muchas veces no pueden ser expresadas y permanecen en su interior azuzadas por
las presiones familiares y escolares, imposibilitándolos para encontrar una
salida. Es por ello que los cuentos de hadas, aún los más “duros” o directos,
cierran con un “final felíz”, que lejos de ser un consuelo barato, provoca en
el alma del niño la sensación anímica de que la lucha contra los más grandes
obstáculos de la vida es inevitable, pero que, si uno no da la espalda a estos
conflictos, puede alzarse con la victoria, infundiéndole confianza en sí mismo
y en la vida. “El niño desde muy temprana edad, comprende que su vida, así como
la vida de los héroes de los cuentos de hadas tiene una trama, esto lo va a ir capacitando
poco a poco para poder establecer un horizonte significativo para su vida que
le dará la seguridad y contención que necesita para tomar decisiones, para
poderse orientar. El significado funda un mundo ordenado, lo saca del caos”, sostienen
Diez Rienzi y Domit Palazuelos, sumándose a la visión de Bettelheim: “para no
estar a merced de los caprichos de la vida, uno debe desarrollar sus recursos
internos, para que las propias emociones, la imaginación y el intelecto se
apoyen y enriquezcan mutuamente unos a otros (…) (Bettelheim) afirma que como
educador y terapeuta de niños gravemente perturbados, su principal tarea
consiste en establecer el sentido de sus vidas. Este trabajo le ha demostrado
que si se educara a los niños de manera que la vida tuviera sentido para ellos,
no tendrían necesidad de ninguna ayuda especial (Bettelheim). Al estudiar esta
tarea el autor afirma que no hay nada más importante que el impacto que causan
los padres y aquellos que están al cuidado del niño; el segundo lugar en
importancia lo ocupa nuestra herencia cultural si se transmite al niño de
manera correcta. El autor afirma que cuando los niños son pequeños la
literatura es la que mejor aporta esta información”.

Cuentos sugerentes, pedagogía y el rol de
los padres
En Pedagogía Waldorf se incorporan al aula
tanto los cuentos de hadas como los denominados “cuentos sugerentes”, que pueden
resultar como un valioso instrumento para trabajar con el ánimo y con la
conducta de los niños.
Un cuento sugerente es una imagen dinámica y austera en cuanto a su estructura
argumental, en la que el niño puede ver reflejado el universo íntimo de sus
vivencias. Para los pedagogos de esta corriente, es fundamental no explicar el
contenido de los cuentos, siendo preferible narrarlo que leerlo, manteniendo despejada
la atención del niño buscando el adecuado tono narrativo.
En su estudio, Diez Rienzi y Domit
Palazuelos también destacan el valor del tratamiento del cuento de hadas en la
pedagogía Waldorf. “Según la Pedagogía Waldorf, el incluir cuentos infantiles,
como parte de la formación o educación de los niños, es útil como tarea para
lograr el ir despertando al niño poco a poco hacia su entorno (...) También es
importante que el núcleo de la historia conlleve algo moral en sus imágenes,
pero sin ser una moral penetrante. El humor dentro de la historia es una gran
ayuda (…) Según el creador de este método las historias morales no deben
considerarse una materia de clase sino una tarea pedagógica, destaca los
beneficios que dicha actividad refleja en el lenguaje, ya que el sentimiento
hacia el habla se sigue educando a través de cuentos y su recordación. Señala
que el maestro tiene que prepararse para contar bien los cuentos, es decir, que
pueda contarlos con tranquilidad sin tener necesariamente frente a él el texto
y muy importante hacerlo en tono épico, no dramático. Han observado que a los
niños les gusta representar el contenido de los cuentos y la mejor manera de
hacerlo es a través de cánticos, compartiéndolos entre ellos y cantando con el
grupo”.
La pedagogía Waldorf abre además la
posibilidad de que sean los propios maestros los que además propongan cuentos
sugerentes nacidos de su propia inventiva y que se hagan eco de las
problemáticas o intereses de sus alumnos.
Respecto a la literatura infantil
contemporánea, para nada podemos descartarla o subestimarla, pero lo cierto es
que se ha comprobado que por su hondura arquetípica y su capacidad de dialogo
con el alma infantil, los cuentos de hadas tradicionales siempre terminan
siendo los preferidos de los niños, sobre todo de aquellos con problemas de
conducta, de socialización o que estén atravesando por periodos de angustia.
Esto puede deberse a que además de estimular la imaginación y los procesos
cognitivos de la memoria, atención y lenguaje a nivel simbólico, los cuentos de
hadas representan un espejo en el que los niños logran dar con todo un abanico
de alternativas y vivencias para desentrañar sus conflictos cotidianos.
Las mexicanas Diez Rienzi y Verónica Domit
Palazuelos aseguran en su estudio que de las “cuatro entrevistas a
profesionales, que han trabajado con niños de edad preescolar utilizando como
herramienta los cuentos de hadas. Se llegó a los siguientes resultados: los
cuentos de hadas, tienen un impacto profundo en el desarrollo del niño,
capacita a la persona para dar sentido y orientación a los sucesos de su vida,
le da apertura y un mayor nivel crítico.”
Pero no sólo en el aula es recomendado el
acercamiento a esta literatura, los padres tienen la maravillosa oportunidad de
utilizar los cuentos como un espacio comunicacional imprescindible con sus hijos.
Algunos especialistas sugieren, de la misma
manera que los pedagogos Waldorf, que los padres relaten la historia de manera
oral, tomándose tres días previos para leerla en profundidad y meditar en su
naturaleza íntima, incorporándola. De esta manera, los niños contarían con la
posibilidad de que las vivencias de verdad y belleza y bondad que transmiten
los cuentos surjan de un ser humano y no solamente de los libros. ¡Y qué mayor
gozo para el niño si esa figura viva que lo inicia en esta experiencia es su
padre o su madre!
En el caso de leer directamente desde un
libro, se recomienda que éste no cuente con ilustraciones o que de tenerlas no
sean enseñadas al niño, ya que esto limitaría muchísimo su experiencia
imaginativa interna. Por esta misma razón es que en los jardines de infantes
Waldorf, siguiendo la sugerencia de Rudolf Steiner, las muñecas y muñecos están
realizados con materiales nobles y naturales, evitando delimitar sus rasgos
para que los niños puedan proyectar sobre ellos su imaginación y darles vida
sin quedar presos de sus formas fijas, muertas.
Respecto al contenido de los cuentos de
hadas, sería de mucha importancia que tanto padres como maestros cuenten con
versiones originales y completas de las historias y no las versiones endulzadas
y recortadas que suelen encontrarse en las librerías. Quizás algunas de estas
historias guarden cierta crudeza en sus imágenes, pero no deben sentirse
incómodos con ello. Determinadas escenas donde se muestra la violencia o la
maldad de una manera directa, le permite a los niños enfrentarse con retos o
experiencias de vida que pueden resultar atemorizantes pero que los ayudan
otorgándoles mucha confianza, ya que en estas historias los problemas y
desafíos pueden ser resueltos o vencidos, siendo que hasta en el personaje
aparentemente más indefenso puede manifestarse una gran fortaleza que le
permita sortear todos los obstáculos. En este caso la aparición de la violencia
o el temor cumpliría un rol terapéutico muy alejado de la violencia vertida en
los dibujos animados con la que los niños confrontan horas y horas frente al
televisor. Además los chicos íntimamente saben que los cuentos no son historias
literales, sino que su veracidad está puesta en imágenes que saben develar y
resolver intuitivamente sus desafíos internos que deben desentrañarse a través
de la saludable distancia de la fantasía, para ser superados.
Los padres deberán estar atentos a que
seguramente en algún momento una historia en particular puede llamar
poderosamente la atención del niño, y que querrá escucharla varias veces. Es
muy recomendable complacerlo con este pedido hasta que el mismo pida pasar a
otro cuento, ya que es muy probable que en esa historia específica él haya
encontrado determinados signos o vivencias con las que necesite confrontar.
Como se mencionó anteriormente, se
desaconseja toda explicación del cuento, lo mismo que intentar dialogar con el
niño acerca de por qué determinada historia puede ser importante para él. Es
precisamente la ignorancia del pequeño frente al imán que le provoca
determinada historia lo que la vuelve tan atractiva y fascinante. Al brindar
nuestra interpretación sobre la historia no sólo profanamos su encanto sino que
truncamos con el sello de nuestras capacidades adultas el potencial que el
cuento puede inspirar para que el niño se sienta inspirado para luchar por sí
solo y dominar sus problemas o desafíos.
En la literatura especializada como la de
Bruno Bettelheim, sobran ejemplos de niños con trastornos de conducta y
aprendizaje que han logrado superar muchos problemas y obstáculos a través del
amoroso y lúdico regalo de un cuento, su cuento.
Probado está que los cuentos populares
arquetípicos enriquecen a los más chicos estimulando su imaginación,
colaborando en el desarrollo de su intelecto, calmando sus ansiedades,
clarificando sus emociones, motivando sus anhelos, develando sus dificultades y
sugiriéndoles caminos simbólicos para desentrañar sus angustias y problemas.
Realmente vale el esfuerzo retomar la
construcción de esos espacios de intimidad, complicidad y juego, donde la
lectura sea capaz de convocar las fuerzas vivas y transformadoras de la
palabra.
Los cuentos de hadas han sido por mucho
tiempo un respaldo insuperable para guiar a los niños por la aventura del
desarrollo humano; enriquecidos y perfeccionados por la sabiduría y la
capacidad de observación de miles de anónimos, sobreviven en medio de violentos
videojuegos y animaciones con personajes desquiciados, y desde el comienzo de
los tiempos abren un portal de símbolos e historias que susurran hacia lo más
profundo de nuestra alma. Animarse a transitar estas inestimables “recetas de
abuela”, puede dejar en nuestras bocas y en nuestro corazón un sabor pleno de
sentido y de caricias.
Y por último… quizás no sea casual que este
periódico lleve por nombre el de un personaje de cuentos de hadas, uno que supo
encontrar su lugar en el mundo cuando, guiado por una palabra amiga, descubrió
quien era verdaderamente y los tesoros que llevaba dentro.
Luis Eduardo Martínez
Fuentes:
-Bruno Bettelheim/ Psicoanálisis de los
cuentos de hadas/ Crítica.
-Rudolf Steiner/ La Educación del niño/
Editorial Antroposófica.
-Rudolf Steiner/ El Segundo septenio,
fundamentos pedagógicos para el saludable desarrollo del ser humano/ Editorial
Antroposófica.
-Gudrun Burkhard/ Hombre & Mujer/
Editorial Antroposófica.
-Italo Calvino/ Cuentos populares
italianos/ Ciruela.
-Cuentos populares irlandeses/ Ciruela.
-Clarissa Pinkola Estés/ Mujeres que corren
con lobos/ Ed. Zeta.
-Dr. Félix E. F. Larocca/ ¿Cómo leer un
cuento de hadas?.
-Ludmila Diez Rienzi y Verónica Domit
Palazuelos/ La capacidad de los cuentos
de hadas de desarrollar un horizonte de
significado desde la niñez temprana/ Universidad Iberoamericana/ Odiseo,
Revista electrónica de pedagogía. México. Año 4, núm. 7. Julio-diciembre 2006.
Artículo publicado en Periódico El Cisne.